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TRAVESÍA AUTOCONVOCADA DE CARNAVAL

Lago Hermoso, Nonthue y Queñi: tres lagos y un nuevo desafío

Hay partes de esta historia que no tengo anotadas en mi bitácora. Pasaron algunos años (esta travesía fue en el año 2023) y, aunque recuerdo muchas escenas, otras quedaron en algún lugar de la memoria.

Voy a intentar reconstruirlas.

Hacía apenas unos meses que tenía mi kayak y tenía muchas ganas de empezar a hacer travesías. Quería conocer lugares nuevos, pasar más tiempo en el agua.

Por eso, cuando apareció la propuesta de una travesía autoconvocada, me interesó inmediatamente.

En esta salida no había una organización que resolviera todo por nosotros, sino que alguien había propuesto un recorrido y abría la invitación, pero después cada participante tenía que ocuparse de cómo llegar, dónde dormir, qué llevar para comer durante la travesía, cómo transportar el kayak y todo lo demás que implicaba pasar varios días lejos de casa.

Autoconvocada

Una travesía autoconvocada no significa que no haya planificación. La hay. Lo que cambia es quién asume la responsabilidad de llevarla adelante.

En una salida organizada, buena parte de la planificación, la logística y la gestión de las situaciones que puedan surgir quedan a cargo de quienes organizan y guían la actividad. En una autoconvocada, en cambio, esa responsabilidad permanece en el grupo.

Cada participante tiene que ocuparse de su preparación, de su equipo y de sus propias posibilidades. Y, una vez en el agua, las decisiones se van tomando entre todos.

Dónde parar, si continuar o modificar el recorrido, dónde pasar la noche, cómo resolver una dificultad. No hay necesariamente una respuesta prevista para cada situación: se conversa, se evalúa y se decide.

También cambia la manera de entender el cuidado. No hay una persona o una estructura externa responsable de resolver cada inconveniente. El grupo se acompaña, se ayuda y se cuida.

Eso no significa que todos tengan que hacer lo mismo ni que una forma de organizar una travesía sea mejor que otra. Son maneras diferentes de vivir la actividad.

Para Daniel, esa autonomía y esa responsabilidad compartida forman parte esencial del espíritu de aventura: salir con una planificación, pero también con la disposición a encontrarse con lo que pueda suceder en el camino y resolverlo entre todos.

Como él mismo lo resumió al hablar de aquella convocatoria:

“Somos un grupo de amigos, hacemos algo que nos gusta y vamos a ver qué pinta, qué sale. Sabemos que todos nos vamos a cuidar.”

Organizándome para poder ir

No conocía a la mayoría de las personas que iban a participar y tampoco tenía resuelto cómo llevar mi kayak. Pero quería ir.

Así que empecé a buscar la manera.

A través del grupo de WhatsApp supe que uno de los participantes, Alberto, iba a salir desde Mallín Ahogado. Así que lo contacté y le propuse viajar juntos y compartir los gastos.

Ese día pasó por mi, cargamos todo y salimos.

Tomamos la Ruta de los Siete Lagos y, como suele suceder cuando uno está por emprender una aventura que espera con ganas, la travesía empezó mucho antes de llegar al agua. Ya desde el primer kilómetro estaba disfrutando del viaje.

Me alojé en el hostel El Oso Andaluz, en una habitación compartida y con desayuno incluido. Recuerdo sentirme muy contenta y, al mismo tiempo, bastante ansiosa.

Era de esas ansiedades lindas: la de estar por hacer algo que deseaba mucho.

A la nochecita, mientras caminaba por el centro de San Martín de los Andes me llegó un mensaje de alguien preguntándome por la travesía.

Era Valentín, del grupo de KV. Él también tenía pensado participar y me contó que llegaría al punto de encuentro sobre la hora.

De a poco empezaban a aparecer las personas con las que compartiría los próximos días.

El encuentro

A la mañana temprano nos encontramos con el resto del grupo a orillas del lago.

Ahí conocí a Daniel, quien había propuesto la travesía. También conocí a Andrea, su compañera, con quien iba a remar en un kayak doble. Daniel era un atleta de Neuquén y, además, una persona ciega.

Éramos un grupo diverso, de distintos lugares, unidos por las ganas de remar y de compartir unos días en la naturaleza.

No conocía a la mayoría de esas personas, pero todos habíamos llegado hasta ahí por la misma razón.

Preparar los kayaks, acomodar el equipo, encontrarnos, conversar y finalmente entrar al agua.

Y así comenzó la travesía.

Lago Hermoso

La primera parte de la travesía fue por el Lago Hermoso, que está ubicado en la Ruta de los Siete lagos, ingresando unos kilómetros por un camino de tierra.

El día estaba soleado y el lago, planchado.

Salimos a remar y fuimos circunnavegándolo cerca de la costa, haciendo una parada para almorzar y otras, más breves.

Cuando terminamos, serían alrededor de las cinco de la tarde.

La idea inicial había sido otra, pero decidimos cargar los kayaks en los autos e ir hasta el Lago Nonthue para pasar allí la noche.

Había además una razón práctica: el camping en el lugar donde estábamos era medio caro y en el Nonthue podíamos acampar libremente, a orillas del lago, en el Camping agreste Chachin.

Para llegar fuimos hacia San Martín de los Andes y continuamos por el camino que lleva hacia el paso fronterizo Hua Hum, bordeando primero todo el Lago Lácar y después el Nonthue.

Antes de llegar al paso hay un desvío hacia la izquierda que cruza el río Hua Hum y vuelve a bordear el lago hasta llegar a un puente. Después del puente había una zona de acampe y también se podía acampar de este lado.

Y así apareció Puerto Elvira.

Encontramos un lugar hermoso para instalarnos, lejos de toda la gente.

Después de un día de paliar, encontrar un lugar así para pasar la noche fue un verdadero regalo.

Éramos once kayaks, después se sumarían algunos más.

Armamos el campamento, acomodamos nuestras cosas y nos instalamos para pasar la noche.

Nota actual: Actualmente ya no está permitido acampar de este lado del puente.

Nonthue, Lácar y Hua Hum

A la mañana siguiente salimos temprano.

Recorrimos el Lago Nonthue costeando su margen sur, rumbo a su comunicación con el Lago Lácar.

En el camino pasamos por una playa muy linda, con piedras de tonos rojizos, y continuamos hacia la zona del camping libre Pucará, ubicado en la península del mismo nombre.

Seguimos hasta entrar al Lago Lácar.

Allí encontramos una playa amplia donde paramos a almorzar.

Después retomamos el agua y emprendimos el regreso hacia el Nonthue.

El día seguía acompañándonos con sol y buen tiempo, así que hicimos otra parada, esta vez en una playa de la margen norte, para disfrutar un rato de la tarde.

Todavía quedaba camino por delante.

Continuamos hasta meternos por el río Hua Hum, llegamos hasta el puente y emprendimos el regreso hacia nuestro punto de partida.

De vuelta en el campamento, unos mates fueron la excusa perfecta para bajar el ritmo.

Algunos aprovechamos además para hacer la caminata hasta la Cascada Chachín.

Esa noche algunos de los chicos prepararon un asadito y compartimos todos.

Hubo risas, conversaciones y vino tinto.

Rumbo al Lago Queñi

A la mañana siguiente desarmamos todo y encaramos el camino hacia el Lago Queñi, un camino que como lo había anticipado Daniel, no es apto para todo tipo de vehículo. Costó llegar.

Nos instalamos en el camping agreste y libre a orillas del lago, administrado por el guardaparques.

Yo armé la carpa en el sector donde armaron casi todos, pero pero no terminaba de convencerme el lugar, así que busqué uno que me gustara más y mudé mi carpa.

El Lago Queñi nos recibió con un paisaje completamente diferente. Paramos a almorzar en una playa muy amplia en unos de sus extremos, y seguimos circunnavegando el lago.

Las termas

Y en el Lago Queñi nos esperaba otro de los grandes momentos del viaje: las termas.

Dejamos los kayaks en la playa y emprendimos el sendero que sube hasta ellas. Qué lugar más impresionante!!

Tengo que agregar que NUNCA había ido a unas termas, era la primera vez.

Unas termas en medio de ese paisaje, después de varios días de kayak, campamento, caminatas y convivencia.

No podía haber mejor final.

Nos metimos en el agua caliente, dejamos descansar el cuerpo y disfrutamos de ese momento sin apuro.

Después, bajar y volver a remar hasta el camping.

Un pequeño visitante

En la mañana, cuando todos estaban durmiendo todavía, yo ya estaba despierta, aunque seguía acurrucada dentro de mi bolsa de dormir.

Escuché unos ruidos afuera de la carpa y me dio curiosidad. Seguro era algún animal husmeando por ahí, buscando algo de comida. Por el ruido pensé que podía ser un perro.

Pero cuando me asomé, descubrí que tenía un visitante inesperado: un zorro.

Agarré el celular y alcancé a hacer un pequeño video. Se lo ve bastante lejos, pero pude rescatar este fotograma para compartirlo.

Tres lagos

Lago Hermoso

Lago Nonthue

Lago Queñi

Tres lagos y varios días de agua, senderos, campamento y paisajes.

Como dije al principio, no escribí en mi bitácora todos los detalles de aquellos días. Por eso fui armando este relato con lo que encontré en mis notas y con aquello que todavía permanece en la memoria.

Sí había algo que estaba muy presente en mis escritos: la felicidad de estar viviendo algo que venía deseando.

Remar.

Conocer lugares nuevos.

Acampar.

Despertar y volver al agua.

Compartir con otras personas que también habían elegido el kayak como una forma de estar en la naturaleza.

Y descubrir esa especie de tribu kayakera que aparece cada vez que uno se encuentra con otros que entienden la fascinación por cargar un kayak, buscar una costa, remar durante horas y terminar el día alrededor de una comida compartida.

Mirar hacia atrás

Hoy, cuando vuelvo a pensar en esa travesía, recuerdo especialmente la sensación de estar recuperando algo que necesitaba.

La naturaleza.

Ese contacto cercano que tanto disfruto y que fue el motivo principal por el que había elegido venir a vivir a Bariloche.

Me sentía feliz por mis logros y por todo el proceso que había hecho para llegar hasta ese lugar.

Y, como suele pasar después de una travesía que nos deja con ganas de más, mientras todavía estaba terminando una experiencia ya estaba pensando en nuevos destinos y nuevos desafíos.

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