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¿SABÉS QUÉ ES UN KAYAK FEST?

Cuando empecé a escuchar hablar de los Kayak Fest me preguntaba qué eran exactamente.

¿Una travesía? ¿Un encuentro? ¿Un festival?

En realidad, pueden ser un poco de todo eso y, al mismo tiempo, algo diferente.

Un Kayak Fest es un encuentro deportivo, recreativo y cultural que reúne a personas aficionadas y profesionales del kayakismo para compartir la actividad en ríos, lagos o mares.

Dependiendo de las características de cada propuesta, podemos encontrar travesías, clínicas de técnicas, charlas, actividades culturales, ferias de pequeños emprendedores locales, propuestas vinculadas a la educación ambiental, música, gastronomía regional, turismo local, experiencias comunitarias, ecoturismo.

Pero, para mí, hay algo que atraviesa todas esas actividades: el encuentro con otras personas que viven el kayak con una intensidad similar a la propia.

Reencuentros, charlas, remadas, acampaes, fogones, música, comidas compartidas y muchas horas alrededor de los kayaks y conectando con la naturaleza.

Algunos de estos eventos tienen una larga trayectoria y convocan a muchísimas personas. Otros eligen mantener un número más reducido de participantes, en sintonía con sus objetivos y con los lugares donde se desarrollan.

Algunos Kayak Fest en Chile y Argentina

El primero —y hasta ahora el único— en el que pude participar fue el Kallfuko Kayak Fest, que se realiza todos los años en enero, en el primer archipiélago del sur de Chile.

También están el Peuco Kayak Fest, el Fiordo Fest y Palena Río Abajo, entre otros encuentros que se desarrollan en esta región.

Y están apareciendo nuevas propuestas. Este año se realizó la primera edición del Humboldt Kayak Fest, en Punta Choros, en la zona norte de Chile, y para 2027 está prevista la primera edición del WillFest, en Caleta Buill.

En Argentina también existen encuentros con características similares, aunque no necesariamente llevan el nombre de Kayak Fest. Por ejemplo, La Marea, que ya lleva más de veinte ediciones en Isla Martín García, y el Encuentro Nacional de Kayakistas, que en noviembre tendrá su cuarta edición en Puerto Madryn, entre otros.

Cada uno tiene su propia identidad.

Y justamente eso es lo que me resulta atractivo: no hay una única manera de vivir un encuentro de kayak.

¿Qué hay detrás del Kallfuko Kayak Fest?

Para entender un poco mejor qué es este encuentro, me pareció interesante preguntarle a Boris Gallardo, su organizador, cómo nació la idea.

El Kallfuko comenzó a gestarse entre 2020 y 2021 con un objetivo muy concreto: fomentar el deporte náutico, especialmente el kayak, entre los niños y niñas de la comuna de Calbuco.

La idea original era conseguir fondos para comprar kayaks y equipamiento y poder crear una escuela gratuita.

Ese objetivo todavía no se ha podido concretar, pero el proyecto fue creciendo y encontró otros caminos.

“Dentro de los objetivos que tenía este Festival era poder mostrar el Archipiélago: los canales, las rutas navegables que se encuentran dentro. Ser un incentivo para el turismo, mostrar las diferentes islas y los emprendimientos que hay en los lugares que visitamos.”

Cada edición busca recorrer lugares diferentes.

Se visitan distintas islas y distintos campings, y buena parte de las comidas se adquiere en los mismos lugares por los que pasa el grupo.

Desayunos, almuerzos, cenas, productos locales.

De esta manera, el Fest también busca que el paso de los kayakistas genere un movimiento para las economías de las islas.

La intención va incluso un poco más allá de los días que dura el encuentro.

Como explica Boris, se busca que quienes conocen estos lugares durante el Fest puedan volver en otro momento por su cuenta, sabiendo dónde llegar y qué posibilidades de alojamiento y servicios existen.

Pero hay otra dimensión que fue tomando cada vez más importancia: el encuentro entre personas.

“Se ha convertido en una instancia linda para el encuentro de amig@s. El kayakismo no es tan amplio en cuanto a la participación, entonces siempre son las mismas personas las que están visitando este tipo de festivales y se van reencontrando, y es una manera de generar lazos de amistad entre quienes vienen.”

Y después está la música.

Boris cuenta que siempre le gustó la música y encontró en ella una manera de unir distintas cosas que forman parte de su idea del festival: deporte, música y turismo.

La propuesta buscaba también ofrecer algo diferente a los encuentros de kayak de mar que se realizaban en Chile, incorporando un cierre con música y bandas en vivo.

Y así, poco a poco, aquel proyecto que había nacido con la intención de acercar el kayak a los niños y niñas de Calbuco se fue transformando en un encuentro que reúne deporte, navegación, turismo, economías locales, música y amistad.


Kallfuko Kayak Fest

En el mes de enero de 2025 participé de la 4ta edición

Tenía muchas ganas de participar de este Fest de cinco días remando por cuarto de las islas del primer archipiélago del sur de Chile.

Finalmente pude entusiasmar a Ale para que fuéramos juntas en su camioneta.

Decidimos salir un día antes, para viajar tranquilas y aprovechar también para hacer algunas compras.

Pasamos la noche en Puerto Montt y, al día siguiente, mientras estábamos en Jumbo comprando la comida que llevaríamos al Fest, rompieron uno de los vidrios de la camioneta que habíamos dejado en el estacionamiento y nos robaron algunas cosas.

Tuvimos que buscar rápidamente un lugar donde pudieran colocar un vidrio nuevo.

Por suerte pudimos resolverlo y seguir viaje.

Llegamos al punto de encuentro con lluvia. Esperamos un momento en que aflojara un poco y armamos las carpas.

A la mía le entró un poco de agua, así que esa noche preferí dormir en la camioneta, por lo menos hasta que parara un poco de llover.

A eso de las dos de la mañana había dejado de llover. Me levanté, sequé con una toalla y finalmente pude acostarme a dormir.

Y así, con lluvia, vidrios rotos, compras de último momento y carpas mojadas, empezaba nuestra primera experiencia en un Kayak Fest.

1er. Día

Nos levantamos temprano para desarmar todo, desayunar y prepararnos para salir.

Partimos alrededor de las 10 y llegamos a Quenu, la primera isla, cerca de las 13.

En el camino nos agarró una lluvia torrencial y el cruce hacia la isla estuvo bastante movido.

El lugar donde íbamos a acampar era precioso y, apenas llegamos, nos esperaban con una comida deliciosa.

Por la tarde hubo una clínica de técnicas de roll y una actividad pensada para acercar a niños y niñas de la isla a la actividad, teniendo una experiencia remando.

Ale y yo decidimos mirarla desde la orilla, mate en mano.

También eso forma parte de estos encuentros: no todo tiene que ser hacer. A veces también está bueno sentarse, mirar, escuchar y compartir.

2do. Día

El segundo día iba a ser un poco más exigente y Gonzalo, el guía coordinador, ya nos lo había anticipado.

Había una expectativa especial porque, si las condiciones climáticas lo permitían, sería la primera vez que se cruzaría hasta Isla Tabón, en otras oportunidades no se había podido.

Me gusta mucho cómo guía Gonzalo.

Explica todo de manera pedagógica, está atento a los detalles y transmite mucha tranquilidad. Y esa tranquilidad, especialmente cuando estamos en el agua, también transmite seguridad al grupo.

Todas las tardes los guías tenían una reunión para evaluar cómo había sido la jornada y analizar las condiciones para el día siguiente.

Salimos temprano, justamente para evitar que se levantara viento, y llegamos a la isla alrededor del mediodía.

Armamos las carpas en la canchita de fútbol de una escuela rural y enseguida estuvo listo el almuerzo.

Por la tarde surgió la posibilidad de conocer un poco más el lugar, recorriendo en el colectivo de la isla.

Durante el viaje conocimos a un isleño que terminó siendo nuestro guía improvisado. Nos llevó caminando hasta una playa del otro lado de la isla, desde donde a lo lejos podía verse Chiloé. Conocimos el faro de la Isla.

Al día siguiente nos esperaba una jornada larga de remada y después la fiesta de cierre, así que Gonzalo propuso hacer la evaluación de la jornada entre todos.

Estuvo bueno compartir las apreciaciones de cada uno, aunque pensé que hubiera sido todavía más lindo hacerlo en el fogón que estaba previsto en la playa.

Cuando terminamos estaba tan cansada que me fui a dormir.

Y me quedé con las ganas del fogón.

3er. Día

Este sería el día de mayor recorrido.

El destino era Isla Chaullín, donde nos esperaba la gran fiesta de cierre del Kallfuko Kayak Fest.

El día estaba soleado y caluroso.

Al mediodía paramos en Isla Chidhuapi para almorzar. Nos esperaban con un puesto de ostras y después unas empanadas de mariscos.

Seguimos remando hasta llegar a la isla Chaullín.

Cuando llegamos, armamos el campamento y la fiesta ya estaba empezando.

Había músicos, DJ, tragos y feria.

Boris nos entregó una remera hermosa y un souvenir de un kayak calado que me emocionó muchísimo.

Era inevitable empezar a sentir que la travesía estaba llegando a su final.

Después vino el curanto de mariscos, el fogón, la cumbia y el baile.

También hubo un malbec que me acompañó durante todo el viaje y que fue compartido en un grupo pequeño, con mucho cariño.

A la una y media de la mañana ya estaba encarando hacia mi carpa.

La cumbia había terminado, y ya no encontraba demasiadas razones para seguir despierta.

Necesitaba dormir.

4to. Día

A primera hora de la mañana empecé a escuchar voces.

—Si alguien más está descompuesto, acérquese a la lancha de apoyo que los llevarán al hospital.

Algo había pasado durante la noche.

De las aproximadamente 50 personas que éramos, 17 se habían descompuesto, entre ellos tres guías. Uno de ellos era César.

Vómitos, cólicos y malestar general, y tuvieron que ser trasladados en la lancha de apoyo para recibir atención en un centro de salud.

Los que estábamos bien nos ocupamos de desarmar el campamento y remolcar los kayaks de quienes habían tenido que irse.

Yo me ofrecí a llevar uno.

El último tramo estuvo picante, había viento y oleaje, era un sector expuesto.

Para mí fue un gran desafío.

Como siempre, Gonzalo nos explicó todo, nos dio las recomendaciones necesarias y partimos.

Y lo logramos.

Cuando llegamos a la costa, los compañer@s que se estaban recuperando nos estaban esperando para ayudarnos con los kayaks.

Nos recibieron entre aplausos y reconocimientos.

Habíamos terminado.

La lluvia había vuelto a aparecer, así que nos apuramos a guardar todo, despedirnos y emprender el regreso.


Después del Fest

Ya en Puerto Montt buscamos dónde hospedarnos las tres, se había sumado Mariela.

Encontramos un hotel fantástico: lindo, cómodo, limpio, bien ubicado, con unas camas increíbles y un desayuno que parecía especialmente preparado para después de cinco días de kayak.

Y, detalle no menor: tenía estacionamiento.

Al día siguiente hicimos algunas compras en el mall y con Ale empezamos el regreso.

Pasamos por Puerto Varas, donde finalmente pude conseguir el termo que me había encargado Pablo.

Después buscamos un lugar para acampar a orillas del lago Llanquihue y nos quedamos dos días más paseando antes de volver a Bariloche.


Más que una travesía

Cuando pienso en aquel Kallfuko Kayak Fest, no recuerdo solamente los kilómetros remados.

Recuerdo las islas.

La lluvia torrencial del primer día.

Las ostras y las empanadas de mariscos.

El colectivo de una isla.

El faro.

Las conversaciones.

Las noches de acampe.

La fiesta.

El cansancio.

El desafío del último tramo.

Y, sobre todo, a las personas.

Porque creo que eso es lo que diferencia a estos encuentros de una travesía que hacemos por nuestra cuenta.

Durante varios días compartimos el agua, el campamento, las comidas, los imprevistos y también las ganas de seguir remando y de que no termine nunca.

Un Kayak Fest no es solamente un lugar donde se va a remar.

Es un lugar donde el kayak se convierte en una excusa para encontrarnos.

Y después de haber participado en uno, entiendo un poco mejor por qué quienes ya conocen estos encuentros esperan con tanta ansiedad que llegue la próxima edición.

Yo también me quedé con ganas de volver.

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