SE HACE CAMINO AL ANDAR
No llegué al kayak buscando convertirme en una experta.
Llegué porque encontré algo que me hacía sentir muy bien.
Primero fue tomar la decisión de no seguir postergándolo. Después vinieron las primeras salidas, los primeros aprendizajes, las ganas de ir un poco más lejos y, casi sin darme cuenta, el kayak empezó a ocupar un lugar cada vez más importante en mi vida, esperaba ansiosamente la próxima salida.
En noviembre de 2020 hice mi primer acercamiento a un kayak de travesía haciendo el curso de Kayak de Travesía para Principiantes, con Nico Cantini. Fue mi punto de partida.
Desde entonces fui aprendiendo de muchas maneras: yendo a salidas de prácticas, contratando salidas guiadas, comprando mi propio kayak, sumándome a un grupo que sale todos los viernes en Bariloche llamado KV, practicando con quienes saben, mirando videos, equivocándome mucho, haciendo preguntas, observando y acumulando horas en el agua.
Hoy tengo unas 140 salidas registradas en mis cuadernos, unos 27 lagos recorridos y algunos tramos de ríos también, además de unas pocas experiencias en mar cerrado. Algunas salidas fueron compartidas y otras las hice sola. Algunas surgieron de propuestas organizadas y otras nacieron simplemente de mis ganas de conocer un lugar nuevo.

Aprender para sentirme más libre
Con el tiempo entendí que para mí aprender no tiene que ver con demostrar que puedo con todo.
Tiene que ver con sentirme cada vez más segura para elegir.
Saber qué puedo hacer, qué todavía no, cuándo avanzar, cuándo esperar y cuándo decir hoy no.
Por eso fui buscando formación en diferentes áreas.
En 2024 hice una Clínica de Kayak de Río con Nico Cantini, en Piedra Parada, en el río Chubut.
En 2025 viajé a Puerto Pirámides para hacer el curso de Habilidades de Kayak de Mar, Nivel 3 —Coastal Kayaking, aguas protegidas de ACA — con el instructor Pablo Passera.
Ese mismo año hice el curso de radioaficionados y una formación en primeros auxilios en zonas agrestes Wilderness First Aid (WFA) con Expertia Capacita. (*)
Recientemente en 2026 sumé una formación en Gestión y Gerencia de Riesgos con Expertia Capacita.
Cada una de esas experiencias va ampliando mi mirada.
Conocer una técnica, entender las condiciones del agua, aprender sobre comunicación, primeros auxilios o gestión del riesgo no me hace sentir más valiente, me hace sentir más preparada.
Y para mí hay una enorme diferencia.
(*) https://expertiacapacita.com/

También aprendí a ir sola
Salir sola.
Remar durante horas.
Armar un campamento.
Dormir frente a un lago.
Tomar decisiones.
Volver.
Pedir ayuda cuando la necesito.
Y también aprender a disfrutar de mi propia compañía.
No siempre fue fácil. Y no creo que tenga que serlo.
Pero cada vez que vuelvo de una salida sola siento que algo dentro mío se hizo un poquito más grande.
No soy experta. Soy una mujer que sigue aprendiendo.
Hay algo que quiero cuidar especialmente en este espacio.
No quiero hablar desde un lugar de perfección.
No tengo todas las respuestas y todavía tengo muchísimo por aprender. Tampoco creo que para disfrutar del kayak haya que convertirse en una persona temeraria, ni que la experiencia se mida solamente en kilómetros remados, cumbres alcanzadas o dificultades superadas.
Para mí, la experiencia también está en aprender a mirar.
A leer el agua.
A reconocer cuándo algo no está bien.
A cuidar de mí misma y de quienes me acompañan.
A respetar el lugar que estoy atravesando.
Y a volver a casa.
Las 140 salidas, los 20 pernoctes, los 27 lagos y 4 ríos son parte de mi recorrido. Pero detrás de cada número hay una historia.
Una mañana fría.
Un viento que no estaba previsto.
Una noche bajo las estrellas.
Un campamento.
Una conversación.
Un paisaje que me dejó sin palabras.
Una decisión difícil.
Un pequeño desafío superado.
Un momento de paz.
Y muchas veces, simplemente, la felicidad de estar ahí.
Esto es lo que quiero compartir
Bitácora de Kayak nace de todo ese recorrido.
De las cosas que aprendí y de las que seguiré aprendiendo.
De las rutas que hice, del equipo que probé, de las comidas que llevé, de los campamentos, de las fotografías y de esas pequeñas cosas que hacen que una travesía se convierta en un recuerdo único colmado de anécdotas, para toda la vida.
Pero también nace de una idea que para mí es importante:
no hace falta esperar a sentirnos completamente preparadas para empezar.
Podemos aprender.
Podemos preguntar.
Podemos equivocarnos.
Podemos tener miedo.
Podemos ir acompañadas.
Podemos ir solas.
Podemos cambiar de idea.
Y podemos descubrir, a cualquier edad, que todavía hay una parte de nosotras que quiere explorar el mundo y no seguir esperando para hacerlo.
Yo encontré esa parte en un kayak.
Y esta es la historia que quiero seguir contando.