DISFRUTAR SIN DEJAR HUELLA – PARTE II

BASURA, COMIDA Y DESECHOS EN UNA TRAVESÍA

Todo lo que llevamos, después tenemos que cargarlo de vuelta.

LA COMIDA TAMBIÉN DEJA HUELLA

En una travesía de varios días llevamos mucha comida y, por lo tanto en ocasiones, también mucho packaging.

Podemos procurar comprar alimentos con menos embalaje, fraccionar en casa y llevarlos en recipientes reutilizables.

Y, sobre todo:

LA COMIDA QUE LLEVAMOS DEBE VOLVER CON NOSOTROS SI NO LA CONSUMIMOS.

Esta idea forma parte de Leave No Trace —No Dejar Rastro—, una organización sin fines de lucro nacida en Estados Unidos y una filosofía de recreación responsable al aire libre que busca reducir el impacto de nuestras actividades sobre la naturaleza.

Surgió a partir de la necesidad de encontrar formas de disfrutar los espacios naturales sin deteriorarlos, y con el tiempo desarrolló 7 principios de mínimo impacto, hoy utilizados en muchos lugares del mundo.

Uno de ellos es:

“Desechar los residuos correctamente.”

Y la recomendación es muy sencilla:

Lo que llevás, lo volvés a llevar.

Porque que algo sea biodegradable no significa que sea propio de ese lugar ni que no genere impacto.

Una cáscara de naranja, una banana, un pedazo de pan o unas pocas migas pueden atraer animales hacia los lugares donde acampamos o transitamos. La presencia repetida de alimento puede modificar su comportamiento y hacer que asocien a las personas con una fuente de comida. Alimentar a la fauna silvestre puede afectar su salud, alterar sus comportamientos naturales y exponerla a otros peligros.

También puede favorecer a determinadas especies por sobre otras y, con el tiempo, modificar las relaciones naturales dentro de ese ambiente.

Por eso, no estamos haciendo un favor a la naturaleza cuando dejamos restos de comida para que los animales los encuentren.

Y tampoco se trata solamente de preguntarnos cuánto tarda una cáscara en desaparecer.

La pregunta es mucho más sencilla:

¿Estaría acá si yo no la hubiera traído?

Si la respuesta es no, vuelve con nosotros.

En una travesía podemos pensar que una pequeña cáscara, yerba mate, unas migas o un resto de comida no hacen ninguna diferencia.

Pero cuando somos muchas personas haciendo lo mismo, una y otra vez, en los mismos lugares, el impacto deja de ser pequeño.

Leave No Trace propone justamente eso: prevenir los impactos que podemos evitar y minimizar aquellos que no podemos evitar por completo.

Para quienes disfrutamos de remar, acampar y pasar varios días en lugares naturales, me parece una filosofía muy sencilla de incorporar:

disfrutar muchísimo del lugar, pero intentar que nuestra presencia se note lo menos posible.

Porque el objetivo no es solamente llevarnos nuestra basura.

Es aprender a preguntarnos, antes de dejar algo atrás:

¿Qué huella estoy dejando acá?

Y si podemos evitarla, mejor.


El agua no es un tacho de basura

Que algo desaparezca de nuestra vista no significa que haya desaparecido.

No tires nada al agua.

Pero también hay que poner atención a lo que utilizamos para lavar utensilios, ropa o nuestro cuerpo.

Si usamos jabón o detergente, hacerlo de manera que no termine directamente en el lago o arroyo y utilizar productos adecuados para actividades al aire libre cuando sea posible.

Ir al baño también forma parte de una travesía responsable

Hay algo que aparece con demasiada frecuencia en los lugares donde acampamos o transitamos: pequeños pedazos de papel higiénico abandonados entre los arbustos, junto a los senderos o cerca de la costa.

Aunque sea biodegradable, mientras permanece en el lugar genera impacto visual y puede ser dispersado por el viento, la lluvia o los animales.

Por eso, hacer nuestras necesidades de manera responsable también forma parte de cuidar el lugar que estamos visitando.

Entonces, ¿qué podemos hacer?

Primero: alejarnos de la costa, los cursos de agua y los lugares de acampe.

Elegir un sitio apartado, fuera del paso de otras personas y lejos de fuentes de agua. También es importante evitar lugares donde podamos contaminar el suelo o interferir con la fauna.

Segundo: hacer un pequeño pozo cuando las condiciones y las normas del lugar lo permitan.

En muchos ambientes se recomienda realizar las deposiciones en un agujero de unos 15–20 cm de profundidad, cubriéndolo completamente al terminar. Pero esto no es una regla universal: en algunas áreas protegidas, ambientes de alta montaña, zonas muy transitadas, lugares rocosos o determinados sitios de acampe puede estar indicado otro sistema, como retirar los residuos.

Las normas del área protegida siempre están por encima de las recomendaciones generales. Por eso, antes de salir, vale la pena informarnos sobre las normas específicas del lugar que vamos a visitar.

Tercero: el papel higiénico merece una atención especial.

Una de las opciones más responsables —y la que yo uso— es llevarnos el papel usado.

Podemos guardarlo en una bolsa hermética o doble bolsa, destinada exclusivamente a ese fin y desecharlo correctamente cuando regresemos.

Puede parecer incómodo al principio. A mí también me lo parecía. Pero cuando entendemos que todo lo que generamos forma parte de nuestra responsabilidad, deja de resultar tan extraño.

Cuarto: no dejar toallitas húmedas, tampones, toallas sanitarias ni otros productos de higiene.

Estos materiales no deberían enterrarse ni abandonarse en la naturaleza. Se llevan de regreso y se desechan adecuadamente.

Y quinto: no olvidarnos de las manos.

Llevar alcohol en gel o un sistema adecuado para higienizarnos después de ir al baño es tan importante como gestionar correctamente los residuos.

Las pequeñas cosas también dejan huella

Cuando pensamos en basura en un espacio natural, probablemente imaginamos botellas, latas o bolsas.

Pero hay otros residuos mucho más pequeños que aparecen constantemente en los lugares donde la gente camina, descansa o acampa.

Las colillas de cigarrillo son uno de ellos.

Una colilla puede parecer insignificante, pero no desaparece inmediatamente. Además, puede contener restos de sustancias y fibras sintéticas, y si termina en el suelo o en el agua puede ser ingerida por animales.

Por eso, si fumamos durante una travesía, la colilla también vuelve con nosotros.

Nunca debería quedar enterrada, escondida debajo de una piedra ni apagada y arrojada al agua.

Una pequeña lata o recipiente hermético puede convertirse en nuestro «cenicero de travesía»: apagamos completamente la colilla y la guardamos hasta poder desecharla correctamente.

Las tapitas de botellas, tanto plásticas como metálicas, pedacitos de vidrio, son otros residuos que aparecen con frecuencia.

Una buena costumbre es revisar el lugar antes de irnos.

Mirar alrededor de la carpa, donde cocinamos, alrededor del kayak

y en los lugares donde estuvimos sentados.

Si encontramos basura que otra persona dejó, también podemos llevárnosla.

No porque sea nuestra responsabilidad solucionar todo el problema, sino porque tenemos la posibilidad de dejar el lugar un poquito mejor de como lo encontramos.

“Cuando me voy, intento que sea difícil saber que estuve acá.”

Ese, para mí, es uno de los gestos más simples y más profundos de respeto hacia los lugares que tenemos el privilegio de recorrer.

Y esto es apenas una parte de todo lo que podemos revisar cuando hablamos de disfrutar de la naturaleza sin dejar huella.

Hay muchas otras pequeñas decisiones que tomamos durante una travesía que también forman parte.

Voy a seguir desarrollando este tema en próximos posteos.

Porque cuanto más aprendemos sobre los lugares que recorremos, más herramientas tenemos para cuidarlos.

Y quizás de eso se trate también una travesía:

no solamente de transitar y conocer, sino de aprender a pasar por un lugar dejando cada vez menos huellas.

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